David Bowie, 1970 · Nirvana, 1993
El espejo que cambió de dueño.
“The Man Who Sold the World” entra de una forma rara. No parece un himno, ni una confesión directa. Parece una visita. Bowie canta como si se hubiera cruzado con alguien que conoce demasiado bien, pero al que no termina de reconocer. Esa incomodidad es la canción.
La grabó para el disco de 1970 que lleva el mismo título. Todavía no estaba Ziggy Stardust, pero ya estaba Bowie jugando con máscaras, dobles y personajes que dicen la verdad precisamente porque no parecen del todo reales. El original tiene electricidad, pero no necesita empujar. Te deja la sospecha y se queda tan tranquilo.
El original · David Bowie
Ver en YouTube ↗La versión · Nirvana
Ver en YouTube ↗Nirvana la eligió para el MTV Unplugged de 1993, que ya de por sí tiene algo de despedida aunque nadie pudiera saber todavía todo lo que vendría después. La sala, las flores, la luz baja, el repertorio sin grandes golpes de pecho: todo ayudaba a que esa canción de Bowie sonara como si siempre hubiera pertenecido allí.
La versión no la suaviza; la deja más cerca. Kurt Cobain no intenta sonar misterioso. Más bien parece cansado de serlo. Bowie manejaba la distancia del personaje; Cobain canta como si el personaje se le hubiera pegado a la ropa y no hubiera forma de quitárselo. Es la misma letra, pero el cuerpo que la canta cambia la temperatura.
Y por eso mucha gente llegó a Bowie a través de Nirvana. No pasa nada. Las buenas versiones también sirven para eso: entras por una puerta lateral, vuelves al original y descubres que la sombra ya estaba allí antes.